columna, revisiones

Estos vampiros si me dan miedo

Si, no estoy bromeando, como lo leyeron, le tengo miedo a estos Vampiros. Les temo por muchos motivos, porque me he acostumbrado a ellos; porque ya no me causan repulsión; porque ya no me dan ganas de empezar extendidos debates con las seguidoras sobre la dudosa calidad fílmica o literaria de la historia y por muchas razones más.

Estoy aterrado, porque así como el “viejo reggeaton”( no lo nieguen, les puedo asegurar que ahora les gustan más las viejas canciones reggeatoneras que las nuevas ) empiezo a no sentirme incómodo cuando veo una película de Crepúsculo, es más, hay ratos que hasta me divierten.

Es cierto y claro, las cintas inspiradas en los nefastos escritos de Stephenie Meyer siguen siendo ridículas, pero, en estos tiempos ¿qué no lo es? Si vamos un poco hacia atrás, encontraremos películas igual de chocarreras que con los años se volvieron clásicos, al menos de esos que pasan en la televisión y uno no puede dejar de verlos por más toscos que sean.

¿Apoco Jeepers Creepers(2001) no les pareció absurda cuando la vieron? Claro que sí, pero ahora, la añoramos, pues en algún momento de nuestra vida se alojó cautelosa y empolvada en nuestra conciencia vulnerable. Ahora le tenemos cariño y hasta nos sabemos la tonadita de la canción que distinguía a la película. ¿No les pareció mi ejemplo? Bueno, que tal Chucky, no la original, si no sus rimbombantes secuelas que no debieron ver la luz. Estoy convencido que si ahora escuchan el pasito tun-tun de La risa en vacaciones, en su cara se asomará una risa traviesa y posiblemente hasta lo coreen. Si no me creen, agarren el control remoto de su televisión, cámbienle a FX, Canal 5 o Golden Choice y les apuesto que si transmiten Dardevil, Punisher o Ghost Rider van a terminar de verlas.

Así es damas y caballeros, tengo miedo de que me esté pasando lo mismo con la saga Crepúsculo.  Aún recuerdo las encarnizadas batallas que sosteníamos con las Twilighters sobre si esos engendros terroristas de la mitología vampírica deberían existir. O la referencia obligada de lo malo y vil de este mundo representado por el pálido rostro de Robert Pattinson (que por cierto, considero que tiene talento) y los diamantes que lo exhiben cuando recibe los rayos del sol. Lo recuerdo y me dan escalofríos, porque eso significa que nos acostumbramos a la escasa calidad, a que siempre se venga algo peor, a lo anodino y opaco con singular facilidad.

No se juzguen, ni me juzguen a mí, en gustos se rompen géneros. Pero entonces, que malos gustos tenemos. Ayer fui con uno de mis mejores amigos ( que por cierto sabe mucho más de cine que yo) a Cinepolis a ver Amanecer 2° parte, y los dos salimos contentos porque recibimos la agradable sorpresa de que la última película de esta franquicia no es peor que sus antecesoras y eso ya es pedir demasiado. Ya no tengo miedo de Crepúsculo, porque gracias al gran Drácula, ya se extinguió, pero tengo miedo a las consecuencias. Pavor a que vengan otros pésimos actores ( Taylor Lautner no se salva de las balas de plata) a hacerse famosos a costa de sus fotos en revistas sensacionalistas, a las hordas de fanáticas necesitadas de otra cursi historia de amor que llene el hueco que les dejan los romances rutinarios de la realidad, que salgan de las alcantarillas semi-escritores que busquen amasar grandes fortunas publicando libros débiles, insolubles, exagerados y sin el mínimo sentido literario. Que una productora hollywoodense lea uno de estos escritos y diga ¿por qué no?

¡Estamos condenados! ni Carlisle con toda su sabiduría, bondad y cabello rubio nos podría salvar de este abrupto desenlace que no es provocado precisamente por los Volturi. Crepúsculo algún día será otro agradable megafilm de TNT, porque el público lo va a consumir de todos modos, pues para entonces, habrá peores atrocidades cinematográficas sobre el suelo de Forks.

De la película, que puedo decir. Me da risa que el 90% del fondo de todas las escenas sea una evidente pantalla verde; que los efectos especiales sigan siendo igual de jocosos que en la primera entrega; impactado porque todo el trama pudo resolverse desde el principio si Edward hubiera convertido a Bella en vampiro (pues al parecer pudo resistir cómodamente todas las tentaciones que significa ser neófito y que en el supuesto le traerían problemas), asqueado porque Jacob se encapricha de una niña recién nacida y horrorizado porque la batalla final me encantó.

2 lentes °°

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