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Público distinto. No sé si cortarme las venas o dejármelas largas.

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Nos hay mejor público para mostrar esta película, que el mexicano. Nuestra raza es el epítome del humor negro, del albur y la autoburla. Solo nosotros somos capaces de reírnos de todo lo que nos pasa, sea bueno, malo, excelente o extraordinario. Que sí tenemos al presidente mas inepto, vamos a reírnos. Que la madre naturaleza nos azota con violencia, hagamos un chiste. Que si la selección del deporte más popular no va a la competencia más importante, nos desahogamos forzosamente con una carcajada. Nos la pasamos riéndonos,  de esto, de aquello, de la situación social, de la pobreza, del entretenimiento, del cine, de las relaciones, del sexo, del que canta en los camiones, de la misma risa y hasta de la muerte.

No es crítica,  es nuestro ADN. Somos un pueblo jovial, alegre, cabrón, desorganizado, fiestero,  risueño y jodido. Así, como nuestro cine, que ha encontrado a su mejor versión en la sátira y en la tragicomedia. No sé si cortarme las venas o dejármelas largas lo ejemplifica a la perfección. Nosotros los nobles, Tu mamá también, Matando cabos, Todo el poder, La ley de Herodes y muchas otras más hacen lo propio.

El éxito de estas cintas radica en algo mas que en su cuidada confección (a nivel local, todas las mencionadas anteriormente destacan también en sus valores de producción). El éxito proviene de la identificación,  de crear un entorno cómodo para los espectadores mexicanos. De saber que el día a día es tan bizarro como la ficción.

Los filmes del norte y del otro lado del atlántico nos hacen fantasear,  los de aquí, nos vuelven a la realidad, mostrándonos lo confusa que puede ser la vida y que de todas maneras podemos divertirnos cuando la vivimos. ¿Un futbolista frustrado?¿Una fanática de las novelas?¿Una esperanzada joven poco optimista que busca la fama?¿La secretaria metiche?¿El más gracioso del grupo es el gay? Vamos, les puedo contar casos diez veces mas intensos que esos. Realidad simple, estereotipos bien marcados, risas garantizadas.

Sin embargo, es innegable que sin la buena labor de Manolo Caro, que supo dirigir a sus actores, aprovechar los espacios del set (solo una vez en la película las acciones no se llevan a cabo en el edificio o en la procuraduría) y mantener un ritmo constante, no se hubiera podido lograr un resultado tan favorable. También aportaron las actuaciones, que sin ser extraordinarias, logran transmitir la esencia de los personajes en el contexto donde se desenvuelven, especialmente la de Luis Gerardo Méndez ( Lucas), que de nueva cuenta se convierte el elemento a destacar por su espontaneidad -aunque sea similar a su mirrey de los Nobles-. La falta de pretensión es la cereza de este pastel de sabores agridulces lleno de infidelidades románticas e hipocresías conciliatorias.

De la risa vivimos y también nuestra industria cinematográfica. Los que pueden sacarle provecho a lo dramático ya están en las grandes ligas hollywoodenses haciendo soñar o provocando nauseas -en el buen sentido- al resto del mundo , presentando sus proyectos en Toronto, Venecia o Cannes. Los que quedan, tienen que adaptarse a presupuestos, a peros y contras. No se le puede pedir más a un director mexicano que ha tratado de plasmar sus ideas en la pantalla grande desde los años 90. Mientras su filme no caiga en lo excesivo o en lo estrafalario, en lo simplón y en lo rebuscado pero si sea sencillo, pensado y entretenido, el público mexicano estará satisfecho

3 lentes °°°

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