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Una oda al fracaso. La La Land

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  • Resumen: Mía y Sebastián no han alcanzado sus sueños. Tendrán que aprender a que estos no llegan hasta que hayas trabajado lo suficiente y fracasado en el intento.

“¿No has subido críticas al blog este año, verdad?”  Fue la pregunta que disparó mi novia antes de que empezará el prólogo musical en plano secuencia. “No, porque la estaba esperando” contesté, señalando la pantalla y refiriéndome por supuesto al último trabajo de Damien Chazelle, al cual, desde hace meses quiero echarle el guante, o los ojos miopes, como ustedes quieran llamarlo.

Mucho se ha dicho de La La Land. Que es maravillosa. Que es encantadora. Que es un cine refrescante. Que ganó la increíble cantidad de 7 globos de oro y que ya recibió 14 nominaciones al Óscar. Tenía muchas ganas de verla, pero sinceramente ya me estaba cansando de leer y oír tantos comentarios sobre ella, pues fue hasta que empezó a cosechar premios que se deshizo de su bajo perfil, el cual le hubiera ayudado a ser todavía más impactante.

Pero bueno, dejando de lado el hype que ha generado, si La La Land ha repercutido tanto en redes sociales y en las personas es porque algo tiene. ¿Ya la vieron? ¿Qué les gusto más de la película?  Hay una larga lista de las cualidades en la cinta de Chazelle. Las más fáciles de señalar son su guion, la fotografía, la musicalización y evidentemente la puesta en escena. Sin embargo, a su servidor le ha llamado fuertemente la atención una particularidad, que, a mi entender, la convierte en un espléndido filme: Que es una oda al fracaso.

¿En serio, una oda al fracaso? Estás loco, si es la producción más ganadora en la historia de los globos de oro y puede convertirse en una de las más premiadas en la Academia. Además, tiene una buena recaudación en taquilla y es considerada un clásico instantáneo ¿Alguien aquí pensó lo que acabo de escribir? Bueno, si es así, no me refería precisamente a la película como tal ( a menos que pierda todo el próximo 26 de febrero), sino a que Damien Chazelle de nuevo opta por mostrarnos a personajes que no se rinden y que tienen que sacrificar mucho para conseguir el éxito. Eso señores, es la importancia de fracasar.

jazzSi fracasas aprendes. Si fracasas descubres una manera de no hacer las cosas. Si fracasas y te levantas te harás más fuerte, mejor. Ahí radica el mojo de La La Land, de hacernos saber a modo de musical, que no puedes tirar la toalla. Lo curioso es que todo en la obra de Chazelle proyecta perseverancia. El triunfo del Jazz, género innegablemente favorito del director, sobre su decadencia en la actualidad. El empuje de hacer lo que te apasiona sobre hacer lo que te deja dinero o es más práctico y, por supuesto, la importancia de contar con alguien que te haga creer en ti mismo.

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De Gosling y su rigidez, el vestuario, las canciones o del agradable tratamiento musical-dramática-cómica, podríamos obtener cientos de palabras, pero no me gustaría ser hostigoso, por eso voy a escribir sobre lo que para su servidor, es la principal responsable de que se dé un mensaje tan contundente: La hermosa y talentosa Emma Stone. Vaya, que pedazo actriz. A diferencia de muchas otras, no refleja tanto glamour y éxito, pero válgame, que me parta un rayo si no es la viva imagen de la superación y la esperanza. De la depresión. De la redención. Blanca, delgada, pelirroja y frustrada, pero con mucha humildad y una preciosa voz. No les podría afirmar la estatuilla, pero sin duda es la responsable de que Chazelle plasmara su obra de manera tan definitiva.

Solo falta decir que La La Land es casi merecedora de tanta atención, pues retoma guiños de un cine romántico en el que los sueños se hacen realidad, en el que hay que trabajar duro y dejar cosas importantes en el camino para alcanza una meta. Hoy parece que despreciamos ese tipo de obras. Casi siempre pensamos, que, si la película no refleja lo dura que puede ser la vida, su aspiración a la grandeza no es merecida, no obstante, es precisamente por esa desolación que necesitamos relatos que nos hagan creer e imaginar a pesar de la alguida adversidad, esa a la que todos nos enfrentamos diariamente. Historias en las que se cante entre escenas, que te motiven a dar un poco más. Me hubiera gustado menos protagonismo en festivales, pero más minutos en pantalla y con eso me refiero a que el encanto duró apenas un suspiro. También me hubiera gustado un tema menos superficial y “estrafalario”, que no hubiera sido tan pastel.  Pero bien sabemos que el hubiera no existe y que no íbamos a poder esperar otra cosa de una cinta cuyos personajes llevan a todos lados zapatos para bailar tap y están listos para cantar al toque de piano la tremenda City of stars.

La La Land es un –casi- musical que está hecho para cinéfilos, para los que creen, para los que lo intentan una y otra vez ¿Lo mejor que he visto en mucho tiempo? Negativo,  no creo que se escabulla en sentimientos tan profundos o que explore circunstancias tan intensas pero tengan por seguro que salí bailando de cinépolis.  Con movimientos torpes y arrastrando el pie izquierdo. No se lo imaginen, mejor vayan a verla, ensayen sus propios pasos y olvídense por un momento de fracasar, igual a la siguiente vez que salgan de la sala lo hacen mejor.

3.5 Lentes 000/

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