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Sobre censura y un poco más

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Cómo casi todas las conversaciones de mi vida, esta historia la iniciaré con una referencia de los Simpsons. ¿Recuerdan el capítulo en la que Marge admira el arte de un preso y lo recomienda a la escuela primaria de Springfield para que trabaje ahí?

Bueno, la imagen de portada será suficiente para refrescarles la memoria. Si aún no lo ubican, en este capítulo, Jack, el ex convicto, pinta por encargo del director Skinner un mural en apoyo a la moral de la escuela, Los Pumas. El primer boceto de Jack era, en palabras de Lisa, tan apasionado que casi salta del muro, pero, como la visión artística del Director no coincide con la del pintor, lo obliga a rediseñar su obra y entregar una versión menos salvaje de la misma.

¿Qué está pasando aquí? ¿A caso Skinner censura la pintura de Jack o es este el que no logra adaptare a los valores que rigen el colegio? ¿Qué tan incómodo tiene que ser una obra para no ser exhibida o modificada? Para empezar ¿qué es incómodo?

Estas preguntas repapalotean como mariposas. Desde los acontecimientos de racismo que encausaron una protesta masiva en Estados Unidos, todos estamos muy sensibles sobre lo que se considera “correcto”. Fiel a mi costumbre digital, no abordaré la política (aunque en este caso, es truculento separarla) y me dirigiré sobre los temas que conozco: cine, entretenimiento y medios de comunicación.

HBO elimina “Lo que el viento se llevó”.

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Hace un par de semanas, en un desplegado de lo que yo llamo “moral propagandística” (porque es parcial, momentánea e inservible) HBOMAX decidió suprimir de su catálogo “Lo que el viento se llevó (1939)” por ser una producción que, según el guionista de “12 años de esclavitud (2013)”, distorsiona y alaba los hechos perpetrados por la confederación en la guerra de secesión de EU. Como es lógico, al ser una obra cumbre y estandarte de la historia del cine, millones de cinéfilos – grupo en el que me incluyo – saltamos enojados por encontrar en esta acción una clara señal de censura. Estamos bien ¿no?

Semejante pregunta y afirmación; “Estar bien”. Hoy en día es imposible de instituir, no debido a la creciente “corrección política” que se extiende como nube en verano, sino porque con el nivel de libertad de expresión que hemos alcanzado, es casi imposible ponernos de acuerdo en algo, especialmente en una tema tan importante.

Recordemos que, en este debate, están los partidarios de no llamar a la decisión de HBO censura, solo adaptación. Otros, en cambio, exponemos que la supresión de cualquier material en lo particular, no soluciona nada pues solo se busca apagar un incendio mediático. Hay quienes solo están enojados porque ya no pueden ver la película en la plataforma que pagaron y otros, ni siquiera encuentran la flexibilidad para dialogar al respecto.

Precisamente esta ambigüedad y heterogeneidad de perspectivas, es lo que complica que podamos avanzar hacia un acuerdo común en el que ni las minorías se vean afectadas ni las obras se vean suprimidas, una empresa de por sí compleja. Ante la parcialidad del hecho, cabe recordar que existe un historial de intentos por unificar criterios para que todos supieran a qué atenerse en cuestión de censura y corrección. Curiosamente, el tiempo no ha sido benévolo con aquel pensamiento.

El Código Hays

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El Código Hays es una serie de reglas (aquí las podrán consultar) las cuales dictaban los parámetros de producción que debían seguir los filmes comprendidos entre 1934 a 1967. En general, son propuestas para omitir, esconder, neutralizar o eliminar cualquier rastro de provocación a la moral norteamericana de aquella época.

Estas normas tenían el objetivo de evitar caer en decadencia, así que en las películas de ese periodo no se podrían mostrar torsos desnudos, matrimonios acostados en la misma cama, escenas explícitas de alcohol o tabaco, sexo, vestimentas cortas, ombligos e incluso, besos que sobrepasaran los 3 segundos (con razón Totó se emocionó tanto con los besos que montó Salvatore para él). En efecto, por este dichoso reglamento Hollywood es tan “soso” en comparación al Cine Europeo y Oriental.

Parece ridículo ¿cierto? Bueno, aunque cueste creer, fue la propia industria cinematográfica la que propuso el código a través de un miembro del partido republicano y fue tan bien recibido por la mayoría, que resistió treinta años hasta la llegada de los extravagantes y anárquicos años 70 (década que sucede a los movimientos estudiantiles en varias partes del mundo, incluido México). En nuestros días, cabe preguntarnos si es necesario llegar hasta el punto de crear un código universal que especifique lo que un artista puede hacer con su obra, un influencer con su red social, una red social con los comentarios de sus usuarios, un cómico con sus chistes, un canal con sus programas, etc, etc, etc.

La censura histórica vs la censura actual.

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Imaginemos por un momento que llegamos al límite de construir un nuevo Código Hays ¿Quién debería ser el encargado de redactarlo? ¿La ONU o la Unicef? ¿La industria cinematográfica y de entretenimiento? ¿Trump? Como lo dije al principio, el problema es ponerse de acuerdo.

La censura artística tiene un largo camino recorrido. Desconocemos cuándo inició, no obstante, podemos darnos una idea de su antigüedad si usamos de ejemplo a Sócrates; quien fue silenciado y asesinado por el gobierno ateniense por sus revolucionarias ideas, corromper jóvenes y hacer muchas preguntas. También los romanos al instaurar la democracia aplicaron censura, la Reina Victoria al tapar con una hoja al David y estoy seguro que antes de ellos, civilizaciones tan antiguas como la egipcia, no dejaban que alguien que no fuera un vocero oficial del Faraón grabara algún jeroglífico en contra del gobernante. La persecución cristera, las cruzadas, la inquisición, la persecución anticomunista de los 50, la colonia hispana, el imperio británico, Díaz Ordaz, el nazismo. En casi todo el mundo se ha probado la amargura de la censura, y aun, a pesar de su propagación geográfica e histórica tiene algo en común: proviene del Establishment (el orden establecido).

Todos los que han censurado la inherente creación artística que tenemos como especie han sido personas, grupos, instituciones o razas que buscan mantener el poder. Lo insólito es que en los años que corren, esta situación parece cambiar a merced de un factor importantísimo que antes no existía ¿sabes cuál?  Así es, le atinaste, las benditas – o malditas – redes sociales.

La revolución tecnológica de este siglo, le dio a cada quien el espacio para expresar lo que piensa de la manera en como quiera decirlo. Al principio, las redes sociales parecían un divertido experimento virtual en la que las personas comunes y corrientes podríamos transmitir ideas, quejas o pensamientos a los organismos inalcanzables como empresas o gobiernos. Ahora, el experimento se convirtió en una cotidianidad y ha acumulado un poder inimaginable.

En 2020 hay poder de movilización, hay poder de comunicación, hay poder de reunión, hay poder de organización, hay poder de expresión y hay poder de juicio. Como sociedad, no estamos preparado para ninguno de ellos.

Gracias a esta nueva jurisdicción, grupos y personas que nunca tuvieron voz, ahora pueden gritar para ser escuchados. Efectivamente estimado lector, me refiero a comunidades como la LGTBTTTIQ, los afroamericanos, defensores de indígenas, mujeres (no como referencia discriminatoria, sino como género oprimido) sectores socioeconómicos vulnerables, etc.

En 2020 hay poder de movilización, hay poder de comunicación, hay poder de reunión, hay poder de organización, hay poder de expresión y hay poder de juicio. Como sociedad, no estamos preparado para ninguno de ellos. Vivimos tan acostumbrados a que un gobernante, un multimillonario o un famoso nos dicte nuestras obligaciones civiles que, cuando alguien que nunca hemos escuchado lo hace, nos genera ruido.

Por eso nos peleamos tanto, porque estos grupos se están empoderando y no nos gusta compartir ese poder. De eso se trata la posición de privilegio o la división de racismo y prejuicio racial. Aquí recae la disyuntiva a la que nos enfrentamos diariamente, porque no entendemos que alguien esté en la búsqueda de algo con lo que nosotros nacimos.

Claro que sería bueno ser multimillonario, rubio, alto, bien parecido, famoso, trascendente. Muchos me dirán – Ey Miope, si tú no eres nada de eso, entonces no parece que hayas sido muy favorecido con los derechos que adquiriste en tu nacimiento, ni yo, mis amigos, ni mi colonia ni mi circulo social – Es cierto, en México, la mayoría cargamos alguna cruz, pero, si estás leyendo esto desde tu smartphone de más de 5 mil pesos, desde tu Mac, tu IPAD, desde tu PC Gammer, con un internet de 50 mb o un plan Telcel, terminaste la primaria sin tener que trabajar, te dieron de comer bien en casa tres veces al día, tienes una frazada para cubrir a tu lomito, nunca te despidieron del trabajo por tu color de piel o tuviste que regresar obligatoriamente a una hora establecida para garantizar tu seguridad, entonces déjame decirte que así como puedes carecer de algún derecho nato también gozas de otro.

El día en que la comedia murió.

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Llegaste lejos en este texto, si quieres ve por algo de tomar o por lo menos estira las piernas antes de la conclusión, pues lo que voy a decir tal vez no te guste.

Como dije anteriormente, no profundizaré en política y no pienso aleccionar a nadie. Sería un estúpido si lo intentara. El fragmento de arriba es para que entiendas porque hay personas que reclaman algo y que esta sensación de endeudamiento, tengan o no razón, los lleva a exigir que programas de comediantes como el de Chumel Torres, sean cancelados.

Entonces Miope, ¿me estás diciendo que estás de acuerdo  con que suspendan el programa de Chumel?

 -En lo absoluto. A pesar de que me causa indigestión por todo lo que se le acusa (y más), no creo que ni HBO y mucho menos el gobierno encabezado por Andres Manuél deban censurar al influencer. Como dicen los políticos, lo rechazo categóricamente.

Suprimir, eliminar, posponer o banear al inepto de Torres significa que o Televisora o Gobierno, piensan que no somos lo suficientemente listos para comprender el contenido que tiene en el espacio que se la asignó. Es cierto, así como lo manifestó Tenoch Huerta en el reciente debate que tuvo con el Youtuber, los chistes de Chumel son burdos, racistas y clasistas, pero, no es el único que lo hace y estoy seguro que no es el peor en este aspecto, además, de poco ayuda. Quitarle su espacio solo lo hace más popular.

La comedia como género trascendental de la ficción que nació en la antigua Grecia y que genios como Shakespeare alentaron ya murió, o al menos, es muy difícil de encontrar. Así que, incluso series actuales brillantes, como Modern Family, a la que todos en algún momento etiquetamos de progresiva, inclusiva y actualizada, hace mofa de la raza, el machismo, la obesidad, el sexo o la idiosincrasia de sus personajes.

No, por supuesto que no. La “comedia” de Chumel no se acerca en lo mínimo a la de Modern Family, pero hasta ahora no hay un código Hays que imposibilite a Torres en hacerla de ese modo. Espero que, como ustedes, los escritores de Modern Family y muchas otras personas; Chumel Torres comprenda pronto que estamos en una sociedad que se transforma rapidísimo y que, para seguir sosteniendo su mote de influencer y hasta que haya un reglamento universal, debe cambiar algo de su peor versión.

¿No quedó claro? Lo vuelvo a decir: la supresión o censura nunca será el camino, por mínima que esta sea y hacia el grupo que vaya dirigida, aunque se manifieste en personajes con posiciones de privilegio y en la cúspide del Establishment. Atacar el odio con odio, no resultará debido  que, al hacerlo, entramos en un espiral viciado del cual es casi imposible escapar, no por cuestiones morales sino ESTRATÉGICAS. Si le dices alguien que no debe ver Chumel, ese alguien va a querer ver Chumel y en muchos casos hará hasta lo imposible para defenderlo para llevarte la contraria así tenga que sufrir su racismo y clasismo.

¿Hay que tomar acciones? Sí, por supuesto. Te propongo algunas ideas que se me vienen a la mente. Quizás no se lleven contigo. Toma lo que sea de valor para ti y siéntete libre de agregar lo que consideres hacen falta.

  • Aprovechemos el canal directo que tenemos con los famosos. Exijamos como audiencia a personajes como Torres, que le den volumen a su comedia y eliminen prejuicios. Recordemos que la comedia es la exageración de las situaciones en desgracia, pero, aunque parezca difícil por nuestras costumbres y educación, hay que tratar de ser sensibles y empáticos con otras personas, así como Jay, el esposo de Gloria en Modern Family, que, a pesar de su edad e ideas, comprende, no sin esfuerzo, las carencias, cualidades y motivaciones de su hijo homosexual o su esposa latina.
  • Que las plataformas y distribuidoras oficiales contextualicen las películas sensibles como “Lo que el viento se llevó” está bien. Nosotros debemos tratar de entender que estas obras no son guías de conductas sino formas de expresión artística que se crearon en un tiempo o contexto diferente al nuestro. Disfrutarlas como son, películas.
  • No caer en provocaciones y discusiones bizantinas. Si ves que hay una posibilidad de que alguien comprenda el porqué hay grupos que luchan por igualdad, adelante, intenta que expanda sus horizontes, pero, si notas que al hacerlo te está llevando a un remolino negativo, aléjate.
  • Debemos informarnos. No actuar ni opinar desde lo dogmático sino desde el análisis. Allá, en ese basto mundo del internet hay mucha desinformación, ayuda a que sea menos. También se vale ser flexibles, escuchar las opiniones fundamentadas de alguien más y llegar a un acuerdo (o no, pero con respeto)
  • Leer sobre nuestro pasado y tratar de comprenderlo. En casos como este, conocer cómo la censura se ha combatido o manifestado. También leer sobre la evolución de sociedad en general, los dominios que se fueron estableciendo, en qué circunstancias se generó el orden que hoy conocemos. ¿Sobre sistemas económicos? Claro, si ya estás ahí, dale vuelo a la hilacha.
  • Recordemos que la sociedad crece veloz, sin forma, en caos. Lo que hoy es gracioso, hace 50 o 100 años era una atrocidad. Lo que hoy consideramos una atrocidad, igual en un siglo parezca gracioso. El desarrollo social tal vez tuvo un principio, pero no va a tener un final (al menos hasta que el planeta explote o el calentamiento global nos cargue a todos). La comedia se trata sobre eso, saber sacarle provecho a las circunstancias adversas a través de la sátira, el hipérbole o el ridículo; intentemos medir a quién hacemos partícipe, en qué espacio y tiempo. Aléjate de pensar en absolutos, solo los Sith lo hacen. No todo es gracioso y no todo es ofensivo.
  • Recuerda “Orgullo Puma”
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Orgullo Puma

El capítulo de lo Simpson completo. Temporada 12. Pokeymamá

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