recomendaciones, revisiones

Vieron (no observaron) una oportunidad. Enola Holmes

El tío Netflix lo hizo de nuevo. Por enésima ocasión ha levantado una expectativa que su producto no termina por cumplir. Esta vez ¿en qué falló? Hay varios motivos por lo que la nueva cinta interpretada por Milly Bobby Brown solo puede ser considerada un pasatiempo ligero en un domingo de pandemia. El que quiere ver algo más, es porque en serio está atrapado en el discurso feminista insuficiente que promueve esta producción o porque su película favorita es Rápidos y Furiosos 8, cof cof.

Para dar inicio a esta revisión, entremos por ahí, por el discurso de la película, el simbolismo explícito que Netflix trató de imprimir en el film y que considero, es el tema más debatible ya que, la calidad intrínseca de esta entrega, no es algo a destacar. Es evidente que, en estos tiempos de grandes modificaciones de consciencia, la “Gran N” se decante por un personaje femenino juvenil inspirado en la creación de Nancy Springer en lugar de volver al arcaico protagonista masculino. Hasta ahí vamos bien, el problema es que, resulta algo irónico cubrir a este personaje femenino bajo el gigantesco manto protector de uno de los íconos más famoso de todos los tiempos. Tal vez esto es responsabilidad de la escritora pero, se vuelve alarmante, sobre todo para los fanáticos de Sherlock, cuando a este lo exhibes como un soso aristócrata londinense que no tiene la mínima noción de cómo ser un detective consultor. No he leído los cuentos de Springer, pero el gran fallo es por completo de la puesta en escena del largometraje.

Para resolver este acertijo, debemos ser cautelosos, coleccionar datos e ir por pasos. 1) Sherlock Holmes viene una familia aristócrata 2) También es cierto que, a lo largo de los 56 relatos y 4 novelas que protagoniza junto a su fiel escudero, se deja en claro que a él nunca le ha importado la fama o el dinero. Tanto es así que, por lo general, Lastrade y los demás oficiales de la Scotland Yard se llevan el crédito por sus deducciones y que, en varias ocasiones, ha sufrido resbalones en su cartera (de hecho, esta es la razón por la que se asocia con Watson para rentar el 221B de Baker Street).

Portada del libro de Springer

Volviendo a Enola; Netflix quiere forzar tanto la idea de una cinta progresista, que termina por hastiar al espectador maduro, ese que presta atención a la prerrogativa feminista, porque el término es repetido hasta el cansancio en los diálogos de varios personajes y en la notoria superioridad intelectual de Enola sobre todo hombre que se cruce en su camino (contrario a casi todas las mujeres, que están a su par de inteligencia, fuerza o sabiduría). Evidentemente, a la audiencia que solo ve a una niña jugueteando en Londres para encontrar a su mamá, no le molesta, pero tampoco le importa una protagonista empoderada.

Para concluir el rollo del discurso y adentrarnos en cuestiones más cinematográficas, me permito decir que además de la constante parafernalia impuesta, creo que es una película progresista a medias porque cae en los tópicos comunes de este tipo de cine juvenil pop, sobre todo, el romance absurdo que deja muchas preguntas en el aire si la plataforma pensaba dar un paso serio en el mundo de la normalización de grupos no privilegiados (por qué no son solo amigos; por qué el marqués no es homosexual; por qué no es mujer; por qué no es de otra raza; por qué no tiene problemas económicos, se limitó a copiar el material impreso o quisieron hacer algo diferente. Etc etc etc)

Este es el dibujo clásico de SH

Escabulléndonos ya por los tugurios fílmicos, hablemos de la espantoso involucramiento de Sherlock. Soy un firme defensor de las libertades del lenguaje en pantalla, pero lo de Enola Holmes es exclusiva y escandalosamente, chupar popularidad. Con razón los descendientes de Sir Athur demandaron a Netflix ¿En serio ese es un Sherlock Holmes? ¿dónde está la agudeza, la adicción a los retos, el Stradivarius, los disfraces, la sagacidad, el constante taladro del ocio que perfora al pobre cerebro de esta leyenda? Y ¿Mycrof? el declarado hermano más inteligente de los Holmes se remite a ser una pálida caricatura. Tal vez sean roles de soporte pero, como diría un excandidato a la presidencia, me pareció insultante e inaceptable las pocas ganas que le echaron a algo que no fuera la heroina (porque hasta la mamá en pieles de la poderosísima Bonham Carter o sus profesora de judo, que son otros personajes femeninos en la trama, terminan embarradas en esta falta de matices).

Después, luego de despotricar contra algo que nunca debió de haber nacido en el universo Homelsiando, hablemos del gran trabajo de Milly, que, con carisma y esa personalidad tan abrazadora que suele tener fuera de escena, sostiene la película, incluso en los momentos más difíciles (cuando la ingresan a la escuela). Contrario a lo que muchos pensaban, incluyéndome, la elección de Cavill para Holmes es correcta, porque no hay nadie más en el mundo que pueda mostrarse “distante” y al mismo tiempo entrañable, si no me creen, vean la cara de ese chiquito bebé (es broma, es pésimo actor). Finalmente, otros elementos como los aspectos técnicos, el ritmo, la idea en general o el misterio, son, para no alargar más el texto, sencillamente mediocres (claro uso del CGI, la historia se interrumple abruptamente en el climax, el misterio de la mamá deja de importar para el final).

No hacen falta tener súper habilidades deductivas para darse cuenta que si, Athur Conan Doyle o el propio Holmes vieran lo que Netflix (¿Y Springer?) hizo con el prestigio del antihéroe más importante de la literatura occidental, los dos se aventarían al fondo de las cataratas del Reichenbach. Sin embargo, no puedo negar que para públicos infantiles (platicamos de la película en la clase de español) la protagonista puede ser un modelo positivo y, para un sector feminista, el sabor de boca puede ser satisfactorio, pues al final de cuentas, Milly cumple con creces y la propia Enola no es un personaje desestimable (mezcla con gracia algunas de las cualidades clásicas de Shelly con otras menos populares como la pintura, además es agerrida, inteligente, diestra en la pelea y presume de muchas otra habilidades irruptivas en un mundo, no tan ficticio, gobernado por y para hombres).

Sin tratar de restar méritos el intento, me hubiera gustado un personaje femenino que construyera su mitología de otra forma, alejada de uno de los pilares de la industria como lo es el detective (vaya, hasta Batman lo ha adaptado). También preferiría que no necesitara de un compañero romántico para enganchar a la audiencia y que, definitivamente, no absorbiera como rémora al tiburón, la popularidad de la obra de Conan Doyle. Hay tantas protagonistas femeninas investigadoras, chingonas y autónomas allá fuera que, vender la película con el apellido Holmes, es menos digno que una deducción sin datos y detalles que la sostengan. Como casi siempre con la mayoría de sus producciones originales, los de Netflix vieron pero no observaron.

2.5 lentes

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