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¡Ha vuelto! Godzilla vs Kong

  • De qué trata: Godzilla intentará detener una amenaza mundial, no obstante, la esperanza de la humanidad recae en los puños de Kong.

Cuál primera plana de periódico, con letras grandes y protagonistas enormes, Hollywood anuncia con un grito desesperado que ha regresado. Después de un año muy difícil para la industria, en el que el modelo de negocio se transformó y no se habían estrenado blockbusters salvo una confusa Tenet y una decepcionante Mujer Maravilla 1984, Kong y Godzilla traen de de vuelta lo que mejor sabe hacer el cine estadounidense: dar espectáculo. 

Como saben, siempre he sido partidario del buen entretenimiento. No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que hay que apagar el cerebro para disfrutar una película, pero quizá, debido a esta pandemia que lo ha cambiado todo, puede que dé mi brazo a torcer. 

Trato de imaginarme siendo uno de los productores que se sentaron en la mesa para decidir qué tan “espectacular” debería ser la cinta que enfrenta a los dos monstruos más famosos del cine. Vaya que se dejaron llevar. Supongan que, en la nube de ideas, los conceptos de hacer una película loca, extravagante, inverosímil y sin ningún respeto por la física, la cordura o la realidad, fueron recibidos con aplausos. 

Los guionistas (como 5 weyes que no escribiré) y el director, Adam Wingard, no se reservan nada a la hora de plantearnos un universo escandalosamente descabellado en el que se puede viajar al centro de la tierra sin equipo especial, o en el que un par de adolescentes entren a las instalaciones de un corporativo internacional sin ninguna dificultad. En este universo hay dinosaurios, construcciones milenarias erigidas por gorilas gigantes, un CEO todopoderoso interpretado por Damián Bichir, viajes en túneles que superan los 800 km/hr de Estados Unidos a Hong Kong, cápsulas que desafían la gravedad inversa(¿?) y sobre todo, dos Titanes que se aporrean el uno al otro como si el Santo disputara su máscara contra el Cavernario Galindo ¿Saben qué es lo más sorprendente? Que esta desquiciada puesta en escena funciona a la perfección para regalarnos 113 minutos de tremendo entretenimiento hollywoodense. Duro, reluciente, explosivo; a la vieja escuela. 

La magia de “Godzilla vs Kong” no recae únicamente en los muy bien logrados camotazos que se pegan el chango y la iguana. El encanto está en que, desde el comienzo, la cinta se reconoce como un absurdo a la que no le importa quedar bien ante críticos, científicos o cualquiera que presuma de tener un poco de lógica. La mezcla de tonalidades frías con naranjas (parecida a los excelentes posters de la campaña de marketing), los grandes escenarios, el mix de sonido pero, sobre todo, las ansias de ver fuegos artificiales, te convencen desde el inicio.  No lo sé, quizá en otros tiempos, en diferentes circunstancias yo hubiera sido el primero en repelar ante semejante despilfarro de CGI, malas actuaciones, destrucción sin sentido y personajes unidimensionales que pueden salvar al mundo con una pachita de whisky, sin embargo, en tiempos de estrenos simultáneos gracias al COVID, esta producción (porque no creo que ni siquiera se le pueda llamar filme) es una auténtica gozada. 

Y sí, por si se lo preguntan,  hay un ganador. El ganador es cada uno de nosotros que nos gusta ir al cine a que chillen nuestros ojos de tanta luz que emite la pantalla y truenan los oídos con el audio envolvente. Los victoriosos somos nosotros, Hollywood, Cinépolis, Eiza González y  …

2.5 LENTES

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